Archivo para Anatolio Cocuyo Carbunco

Anatolio Cocuyo Carbunco.

Posted in crónica, literatura, poesía, Uncategorized with tags , , , , , , , , on octubre 28, 2010 by Profesor Cicuta.

Anatolio Cocuyo Carbunco, más conocido como “Cocu”, es un poeta, articulista y escritor nacido en Argentina en 1979, más concretamente en el departamento de Santa Catalina, situado en la árida provincia de Jujuy, al norte del país.

Su padre, Alfonso Cocuyo Vallejo,  fue un acérrimo disidente contra el peronismo imperante en Argentina, y el poeta sufrió el nefando gobierno de Carlos Menem, por lo que toda su familia tuvo que huir, arruinada, a Paraguay en 1989, para no volver jamás, cuando sólo contaba diez años de edad. Su familia se encontraba siempre cambiando de domicilio a cada instante, debido a los continuos cambios de trabajo de su padre. De este modo, su madre, Carmen Carbunco Carmona, fallecería en 1996 de un cáncer de pulmón no diagnósticado hasta una semana antes de su muerte, en alguna aldea perdida de Bolivia mientras su padre pastoreaba un rebaño de alpacas; dicha experiencia lo trastornaría sobremanera y provocaría en el poeta un estado mental irreversible, cercano a la locura.

Empezó a escribir poesía alrededor de los catorce años para abandonar dicha actividad cinco años después, ante la indiferencia que provocaron sus versos en el público de habla hispana durante aquella época y la pasividad de las editoriales españolas y latinoamericanas. De aquella producción no se conserva absolutamente nada, puesto que el autor, hundido por su fracaso,  regaló sus versos a su primera mujer, Mary López, la cual prometió conservarlos hasta que llegara algún editor dispuesto a darles difusión. Ésta, tras el divorcio, se deshizo de todos ellos, “por despecho”, según palabras del poeta; se cree que los quemó. Él mismo afirmaría en una conversación con amigos españoles: “Como si jamás hubiera escrito poesía, total, no se perdió nada; es más, ni la he escrito nunca, ni lo haré”.

De vida errante y nómada, sólo sabemos que el autor padeció innumerables penurias (hambre, frío, soledad e indigencia). Anduvo por aldeas perdidas de Bolivia, Chile, Perú, Colombia, Brasil y Venezuela, se cree que trabajando de pastor, lavaplatos, carnicero, mozo de carga y camarero, entre otros. Poco o nada se sabe de su vida por entonces, pero fue en aquella época cuando contrajo una grave enfermedad (lupus discoide) que le ha desfigurado la cara y lo ha obligado a recluirse desde 2002. En 2005, además, se le ha diagnosticado un grave trastorno mental, fruto quizá de su vida azarosa y de la enfermedad que lo consume y lo mantiene trastornado. Adicto a las drogas (láudano y morfina) y al alcohol, vive recluido en algún lugar de la costa mediterránea (se cree que en Cádiz, Almería o Málaga) solo y apartado de todo el mundo, tan solo acompañado de una mujer oriental de la que nada se sabe. Nunca habla con nadie, no tiene apenas amigos y lo que escribe, o bien lo publica en Internet bajo pseudónimos varios, o bien lo regala a algún amigo o conocido para que sean ellos los que lo publiquen y quienes firmen las creaciones.

Ha publicado artículos en periódicos y revistas digitales de reducida difusión y ha retomado recientemente su producción poética. Ha escrito también algunos microrrelatos, cuentos y narraciones cortas, todavía inéditas y poco difundidas. Los editores de todo el panorama editorial hispano lo repudian o ignoran por el carácter polémico y underground de su obra, la sociopatía paranoide de su personalidad, sus trastornos mentales y su carácter irascible y desequilibrado.

De cualquier modo, uno de sus poemas, “La anécdota”, ha tenido un éxito sin precedentes entre los jóvenes de la cultura underground en el noroeste de Argentina, ganando el “I Premio de Poesía Villera de Abra Pampa”.

“La anécdota” es un poema que trata sobre la fugacidad de las relaciones humanas, el interés económico, la fama, el éxito y el materialismo. De estructura caótica, introduce algunos ripios fáciles típicos de la cultura popular y otros versos sueltos. En él podemos ver reflejado el pesimismo y la apatía en la que vive su autor.

Anatolio sigue escribiendo y publicando sus obras en la red. Utiliza casi siempre el pseudónimo “Anónimo”, debido a su admiración por el Lazarillo de Tormes (“la mejor novela corta jamás escrita en lengua castellana”) aunque este poema sí lleva su rúbrica.

“La anécdota”. Por “Cocu”.

…no van a responder, ya te lo advierto.

Y si se vacía, incierta, el arca

te quedarás solo.

Si fruncís el humor sandino

lo verás del mismo modo.

No nos mojes con lágrimas el tiempo

ni disturbes bacanales

con tu llanto sardónico.

Mejor traé a Baco y flor de adormidera

y que tus dolores de cabeza

los aguante otro que quiera.

Quedate en tu jaula de ladrillo

cuando falte, ¡ay! ¡qué sonido!

la música metálica

de tu vil y raído bolsillo.

Ahorrate la síncopa en el pentagrama.

Desafiná, por favor, para otro.

Vení cuando seas héroe

y no un viejo juguete roto.

La fiesta huyó con el hambre,

te lo he dicho ya,

con ropas nuevas que huelen

a humana vanidad.

Nunca digas solo, nunca,

hoy eso está prohibido.

Aunque tu sueño no exista

aunque te resistas

seguí por ahí,

de la muerte la pista.

Rimá algo bueno si podés,

grabalo a fuego en el papel;

quizá haya alguien que escuche

al otro lado.

Y, sonso, dilo ya, no esperemos más:

eso podría funcionar.

La palabra anécdota

no es tan fácil de rimar.

Y eso fuimos: una anécdota.

…no van a venir, ya te lo digo.

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La gorgona. “Cocu” (2006)

Posted in literatura, Paranoia, poesía, Uncategorized with tags , , , , , , , on octubre 16, 2010 by Profesor Cicuta.

Hace siglos fui petrificado

por una vesania de gorgona;

qué triste laberinto de tormentas

y cuánta sangre en vano derramada.

Eones han pasado, vestido de ceniza,

desde que prendiera la ponzoña

de unos achares infectos de amorío,

de una enfermedad drogada de delirio

de una herida supurada y mordiente.

Mas llegó un otoño incierto y dorado

en que pude ver el sol frío de atardecida

teñir de rojo mis manos hueras y ateridas.

Guio entonces Perseo la empuñadura

de mi espada vindicadora,

deshice así el ovillo infame

que yugulaba mi alma impía.

Libre ya de dos ojos de gorgona

exhalé el veneno atávico

de su nombre virginal y orate.

Hoy la Biblia ardería, plena de tinieblas,

si rajara su nombre el aire.

Soy inmune a los ojos de gorgona

y luzco altiva su cabeza inerme

cuando canto, a la luna, la era nueva,

nacida del candor de una espartana.

Acá yace la testa inerte, ya sus ojos no son magia;

ha nacido de su muerte: luz, esperanza y savia.

Anatolio Cocuyo (2006)