Crónica Circular.

Posted in Crítica urbana, crónica, Paranoia with tags , , , , , , , on septiembre 12, 2008 by Profesor Cicuta.

Cuando uno llega a Málaga y necesita trabajar de inmediato, se encuentra con que el empleo más accesible es el de comercial, promotor, gestor, vendedor, o como quieran llamarlo.

El trabajo de comercial, según algunos, es la panacea; el mejor trabajo que un individuo puede llevar a cabo, por sus horarios flexibles, altas remuneraciones, compensaciones personales y servicio a la comunidad. Y es que inducir al consumo de productos innecesarios a gente que no llega a fin de mes, es una actividad llena de altruismo.

Numerosos estudios sobre márketing, ventas y publicidad en general advierten de la cada vez mayor ineficacia de los avisos en televisión, en prensa y exterior. No obstante, la teletienda causa furor entre aquellos consumidores compulsivos, adictos al dinero directo de Cofidis, las vaporetas y las colecciones de soldados de plomo de la guerra civil. Pero las empresas ya se han dado cuenta de que las vías más eficientes para vender sin freno son el telemárketing, el mailing y la mítica puerta fría, esto es, entrar como un ariete en la casa del cliente y vender, vender, vender.

¿Cuál es el truco? Marcar muchos números de teléfono o picar muchas puertas; algún primo siempre cuela. Es pura estadística. Al menos, una de cada cinco personas es un consumidor compulsivo, o simplemente idiota. Porque hace falta ser acémila para caer en las tretas de los promotores, mercenarios en su busca incansable de comisiones. Es un hecho comprobado que las personas más permeables a la publicidad, la moda, las tendencias y más proclives al consumo, aparte de imbéciles, son el blanco perfecto para comerciales avispados y ambiciosos.

Hace algunas semanas estuve probando como promotor para Círculo de Lectores. Me bastó sólo una semana para darme cuenta de qué iba el asunto. Esta empresa editorial, que todos conocemos porque todos hemos sido socios alguna vez, pasó por un periodo delicado hace algunos años. La gente cada vez lee menos, porque la televisión ofrece todo lo que un mortal puede desear; aparte, la música y el cine se encuentran en Internet a un toque de ratón. La obligación de pedir mensualmente por una cantidad mínima de euros era insostenible para la mayoría de los socios. Esta circunstancia provocó bajas en masa y la empresa, al borde del abismo, tuvo que flexibilizar sus ofertas y urdir una estrategia para recuperar los socios que la habían hecho grande hace quince o veinte años.

Ahora, si te haces socio del Círculo, sólo tienes que pedir cada dos meses, durante dos años seguidos y sin un mínimo de importe. ¿Dónde está la trampa? Pues en que tienes que realizar un pedido cada dos meses por obligación. En cada pedido debes aportar un euro para el repartidor, con lo que el precio se incrementa. Eso sí, los libros son todos novedades, en tapa dura y fabricados con materiales de primera calidad (o eso dicen ellos), más baratos que en la calle; o no. Existen ofertas muy buenas en Fnac o en el mismo Carrefour, y compras cuando te interesa, pero eso ya es asunto de cada uno.

El problema es cuando vas a vender la suscripción y te encuentras con gente que no tiene libros en casa, porque ni lee ni piensa hacerlo. Lo más lógico es que un aficionado a la lectura se haga socio sin tener que persuadirlo de nada. Pero no es así. Un aficionado a la lectura suele atesorar montañas de libros en su hogar de los cuales seguro que le queda alguno por leer. Aparte, adquiere títulos en formato de bolsillo, que cuestan muy baratos y cumplen la misma función. Luego, es posible que sea socio de la biblioteca pública, y en tiempos de penuria saque algunos libros que considera inncesario comprar. Un lector asiduo lee al menos doce libros por año, de los cuales se compra como mucho seis y en edición de bolsillo, porque ¿para que más lujos si no se llega a fin de mes? Pues bien, aunque parezca paradójico, este tipo de individuos no interesa lo más mínimo a la empresa en cuestión. Los estudiantes, que a priori podrían ser grandes lectores, tampoco están entre sus objetivos. ¿Cuál es entonces el “target” de los astutos comerciales de esta compañía editorial? Pues la gente sin hábito de lectura, que ni tienen libros en casa ni compran libros jamás; que no saben de la existencia de la biblioteca y sus ventajas y que por supuesto no van a leer los seis libros de tapa dura que van a adquirir por obligación una vez que hayan firmado la suscripción con Círculo de Lectores. Al menos en Málaga es el tipo de clientes que hemos encontrado; en los barrios de La Luz, Carranque, Las Flores o La Misericordia. No digo que no haya profesores o periodistas suscritos, pero como el objetivo es hacer socio a todo el mundo, pues no importa si la víctima sabe o no qué es un libro, para qué sirve y cómo se usa. No niego que haya alguna ama de casa que pueda leer algún libro de vez en cuando, o un obrero de la construcción, o un camionero. Pero seis al año, con la horas de trabajo semanales, la afición a la tele y el videojuego y la falta de hábito lector característico de aquellos que no han querido estudiar porque para ello primero había que leer, perdónenme pero soy muy escéptico con este tema. El lector habitual tiene un perfil, y existirán excepciones, mas yo he visto muy pocas.

Paradójicamente estos clientes son los mejores, porque suelen tener buenos ingresos (lo percibes al entrar en sus hogares bien equipados, con televisión de plasma, ordenadores de última generación, equipos de música, varias consolas de videojuegos, productos de teletienda, ropa de marca), no como los universitarios o pardillos con estudios superiores, mileuristas en su mayoría. De este modo, los comerciales perciben la pulsión consumista y la explotan al máximo.

El comercial, cuando pica en la puerta, nunca te habla de suscribirte a nada. Simplemente te pregunta si recibes la revista de Círculo. Si no es así, es porque evidentemente no eres socio. “¿Quiere recibirla gratis para ver la novedades en libros, discos y material multimedia?” Gratis, la palabra mágica. Te toman los datos y te explican el funcionamiento de la suscripción que estás a punto de hacer, sin saberlo. El comercial, una vez hecho ésto, desea traspasar el umbral de tu hogar a toda costa, para rematar la faena. El truco: “¿me dejaría apoyarme en algún lugar para escribir mejor?”. “Claro, pasa”. Ahí es cuando estás perdido. Las capacidades persuasivas del promotor se activan y aprovecha cualquier resquicio para encasquetarte un libro de oferta por 11´90€, la suscripción por dos años con la obligación de pedir cada dos meses por la que encima te cobra tres euros, con lo que pagas la revista gratuita. En total te gastas quince euros y además te comprometes a gastar, al menos diez euros, durante dos años y cada dos meses. Y ahí está el negocio. Ése es el trabajo de comercial; extenuante, alienante, inmoral y mal remunerado. Esto último se debe a que si el cliente no pide cuando debe hacerlo o simplemente se da de baja, tu comisión se esfuma como el humo. Adivinan lo que pasa muy a menudo. Fruto del calentón, la gente pica el anzuelo, hacen su pedido, se suscriben a Círculo, pero luego ni pagan, ni piden ni nada. Porque se dan cuenta, después de una detenida reflexión, de que no tienen tiempo para leer, ni ganas, ni dinero.

Éste es, en suma, el análisis del apasionante mundo del promotor – vendedor de suscripciones a Círculo de Lectores en Málaga. Un empleo inmerso en un ambiente laboral triste, gris, monótono, sórdido y lleno de sinsabores.

Espero que mi jefa de grupo, Marisa, no lea jamás este post. Apuesto a que no lo hará, entre otras cosas porque ni ella ni ninguno de los compañeros que conocí practica la lectura; no hay tiempo. Desde la 9:30 hasta las 20:00, todos los días, tirado en la calle, picando puertas, con la presión y la angustia por hacer más y más socios ¿quién tiene tiempo para leer? Aparte de que la mayoría de promotores jamás habían cogido un libro. Paradojas de la vida.

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Apuntes poéticos.

Posted in Paranoia, poesía, Uncategorized with tags , on abril 15, 2008 by Profesor Cicuta.

Como la mancha de un insecto

grabada sobre la pared

así es la vida como un grano

o una pústula

que la muerte revienta.

Leopoldo María Panero.

El jardinero errante

esparce simiente a su paso

mas el piso se halla árido

jamás cejará el caminante

o… sí lo hará

ante tan fútil horizonte

yermo de prosperidades

seco de inciertas sonrisas;

que no se desangre el ánimo.

Profesor Cicuta.

Mundo de espejismos.

Posted in Crítica urbana, Paranoia, Uncategorized with tags , , , , , on abril 6, 2008 by Profesor Cicuta.

Todos quisiéramos caminar por la alfombra roja del honor, aclamados por la turba estulta y ruin; y para ello venderemos nuestra alma al diablo.

Disimulamos ser completos y felices en las noches sórdidas bañadas de alcohol; creemos en los paraísos artificiales que el progreso, la opulencia y el ocio nos brinda cada final de semana, como el final de nuestra vida.

Es cruento aceptar la circunstancia tal cual es, tal cual viene. Es más fácil enmascarar la tristeza de nuestra miseria con disfraces de sofisticación, refinamiento y modernidad. Mirar el espejo de frente es un paso que puede llevar a la demencia, o a la catarsis, según la luz de tu entendimiento. Mas todos preferimos el reflejo apócrifo de lo irreal, de aquello que no existe más que en nuestra mente perversa incapaz de aceptar la verdad.

Las puertas de la percepción están cerradas; nuestra pálida razón sometida a los caprichos de nuestro subconsciente.

El pobre añora riquezas y el anodino ansía la fama como un pez el arroyo cristalino; el manso de espíritu debe simular rudeza, pica en mano, mientras el perverso avaricioso y miserable loa a Dios en las alturas y muestra bondades impostadas que no existen.

La verdad está dentro del hogar, en la morada de la intimidad, donde el ideal es humo que se difumina y la luz de lo tangible muestra figuras de nuestra alma real figurada. ¿Quién sabe la verdad? La Muerte lo sabe.

Nadie es honesto porque hoy estaría muerto. Arrimarse a los buenos es el camino para la perfección material, la condena humana es masacrar al prójimo para caminar sobre su cabeza podrida de enfermedad y disfrutar de los lujos y regocijos del oro y la honra. Ignorancia, indigencia mental, almas difusas, perversión e hipocresía, las armas modernas del guerrero vencedor que violará a las hijas de las buenas intenciones a cambio de piedras preciosas.

El mundo y sus moradores son un espejismo constante. Disfrazamos nuestra miseria, ocultamos nuestras cuitas y confiamos en la hermosura efímera que nos prometen las mejores recompesas de amor y caricias.

Todo es mentira excepto la muerte. La Danza de la Muerte democratizadora del caótico mundo de los vivos.

Falsos mitos, falsos dioses de papel y metal. Mentiras repetidas disfrazadas de verdad; hábitos que convierten al monje en tal; todo es espejismo.

El mundo todo es máscara. Todo el año es carnaval.

Todos mentís; sólo confío en la Muerte.

“La hipocresía es el colmo de todas las maldades.” “Los vicios de moda pasan por virtudes”. Moliére.

Manifiesto Venenoso.

Posted in Crítica urbana, Paranoia, Uncategorized on marzo 30, 2008 by Profesor Cicuta.

Escribió el inefable Tristan Tzara en su Manifiesto Dadaísta: para lanzar un manifiesto es necesario: A, B,C. Irritarse y aguzar las alas para conquistar y propagar muchos pequeños y grandes a, b, c, y afirmar, gritar, blasfemar, acomodar la prosa en forma de obviedad absoluta, irrefutable… Yo escribo un manifiesto y no quiero nada y, sin embargo, digo algunas cosas y por principio estoy contra los manifiestos, como, por lo demás, también estoy contra los principios, decilitros para medir el valor moral de cada frase.

Yo, el profesor Cicuta, desde un gabinete lleno de ocuridades, humedad y frío, a través de cuya ventana sólo se ve el cielo de la estepa, la suave lluvia gris, y la brisa gélida de la Selva Negra, lanzo al mundo materialista, ruin y despreciable, a través de la red, donde la mediocridad muerde el tiempo y sume al mundo en la ponzoña hedionda de la estulticia, el Primer Manifiesto Venenoso.

Definición de la RAE.

veneno.

(Del lat. venēnum).

1. m. Sustancia que, incorporada a un ser vivo en pequeñas cantidades, es capaz de producir graves alteraciones funcionales, e incluso la muerte.

2. m. Cosa nociva a la salud.

3. m. Cosa que puede causar un daño moral.

4. m. Afecto de ira, rencor u otro mal sentimiento.

5. m. Tecnol. Sustancia que frena un proceso físico o químico.

¿Hay diferencia entre ser venenoso y estar envenenado? Sí. En el primer caso no cabe posibilidad alguna de morir a causa del veneno que alberga tu cuerpo, y además puedes resultar letal; en el segundo, serás inoculado de una sustancia tóxica ajena a tu organismo que te alejará de la vida, si no eres inmune.

¿Por qué son venenosas las arañas y los escorpiones? Porque les ha tocado vivir en el inframundo, abandonados de todos, en medio de un mundo hostil que no les respeta ni valora; tienen que sobrevivir desde su tamaño relativamente pequeño y su situación de relativa desventaja.

Para el alacrán que anda sumergido entre los ladrillos en la vorágine urbana; para la loxosceles solitaria y arrinconada por el mundo ruin e hipócrita; para la phoneutria inmersa en la selvática sociedad capitalista y material; para el pulpo de anillos azules, inteligente, bello, sofisticado y misántropo, incomprendido como todos los grandes genios; para la rana punta de flecha, ariete de la mediocridad; para la serpiente Taipan y la serpiente marina, arrastradas por el fango y olvidadas del mundo alienado en que viven; para el pez piedra y la avispa de mar, nadadores solitarios en este mar de porquería que es el mundo y su circunstancia; a todos ellos va dedicado este Manifiesto Venenoso.

El áspid de una mente enferma, bipolar, drogada, alcoholizada, enajenada y sobre todo envenada, pero lúcida y preclara, odia y repudia todo lo que concierne al turismo, el turista, los apartamentos, el sol, el chiringuito, la música ligera, el “tuning”, la televisión, los “politonos”, las modas veraniegas, el “hip-hop”, las tribus urbanas, el socialismo, el comunismo, el capitalismo, el anarquismo, el liberalismo, el vanguardismo, la democracia, el totalitarismo, el nazismo y fascismo, el euro, el ladrillo, el cemento, el arquitecto, el constructor, el obrero, el empresario, el abogado, el periodista, los “pseudoartistas” y los años comprendidos entre 1994 y 2008.

Nos quedaremos con los poetas, malditos o no; los escritores, malditos o no; y los artistas de verdad, que no ostentan serlo y son humildes, creativos de verdad, ingeniosos, cultos, formados, educados, respetuosos, sencillos, no pretenciosos, discretos pero venenosos… malditos o no.

¿Qué es un pseudoartista? Aparte de un artista muy falso, un falso muy poco artista. Aristócrata petimetre sin talento más que para vestir a la moda, te mirará angustiado por la vulgaridad mediocre que él percibe en ti, constantemente indignado, estirado y sublime en apariencia. Personaje hueco, sólo cáscara, caparazón, propaganda con piernas, sin cerebro y permanentemente retrasado en su presumida vanguardia artística.

Los psuedoartistas no saben leer ni escribir; directamente, no saben. Están ahí y ahí observan mientras escupen en el pueblo que les da de comer, despreciándolo, para que éstos les desprecien y aquellos puedan seguir en su cénit de sublime superioridad, perpetuando la estupidez de una población que no les entiende porque no se entienden ni ellos mismos. Y no se entiende nada porque no hay nada tras el supuesto arte de minorías que declaran representar.

La “bohemia” de los niños de la opulencia, sin cerebro, alienados por el materialismo y que dicen ser artistas sin conocer la música, la pintura, la fotografía, la literatura o el cine serán pseuodartistas, a los que hay que mirar con desconfianza, como hacen ellos con lo supuestamente vulgar; escupirles el veneno cuando se pongan estupendos como sólo ellos saben hacerlo; envenenarlos con cultura de verdad, argumentos que evidencien su estupidez congénita y circunstancial, heredada de la fortuna e influencia familiar, vinculadas al poder el cual paga sus heces lanzadas al mundo circundante.

Mucha cicuta para estos petimetres, forrados de esnobismo, cuyo pensamiento electrónico ha averiado sus simples, escandalosas e inútiles cabecitas de burgueses adinerados; pensamiento electrónico de fusibles fundidos por drogas de diseño, mucha televisión, mucho ocio y poca lectura.

¡No es arte lo que hacéis! El tiempo nos dará la razón a los perdedores; el tiempo os pondrá en vuestro sitio y os mandará al lugar de dónde provenís: vuestro chalé en la playa con papá y mamá.

Los políticos se aparean con “artistas” sin talento, enchufados a la teta del Estado corrupto, autocomplaciente, inoperante y yermo; los “pseudoartistas” de hoy rebañan con su verde lengua los excrementos del ano de políticos bañados en oro, mezclados con sudor y sangre.

Los periodistas pagan por trabajar y ser pagados a su vez por lamedores de penes del poder gubernamental y empresarial a los que sirven. A unos les gusta el pene fláccido y arrugado del conservador podrido en sus riquezas hechas de ladrillo y cemento; a otros les gusta el miembro enhiesto y rojo, lleno de sangre a punto de eyacular demagogia, mentira e hipocresía. Los periodistas sí saben leer, algunos escribir, pero no pueden pensar porque sus cerebros están forrados de billetes de 500 euros y conectados con cables a la empresa podrida de beneficios perjudiciales, al gobierno ponzoñoso de devastación y a la televisión, industria de mentiras, enfermedad mental e indigencia intelectual.

La televisión es el opio del pueblo. El pueblo es el opio de la televisión.

Derribemos las apariencias de lo políticamente aceptado, pagado por políticos “idiotizadores” que se ríen del mundo y su gente desde su atalaya forrada en oro.

Algún día se sabrá la verdad sobre todos ellos; de dónde vinieron, quiénes son, por qué están donde están y a qué se debe su prestigio por nada.

La pintura, la escultura, la fotografía y la televisión están perdidas; el cine va por el mismo camino de perdición; la música se pudre en programas televisivos enlatados… al menos nos queda la literatura, ebúrnea, eterna, indestructible y lúcida para poner orden en todo este caos que es el mundo en el siglo XXI.

Que no nos engañen los vendedores de humo.

Leed malditos, leed y pensad un poco antes de emitir juicios o crear nada.