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Réquiem por un empresario andaluz

Posted in Crítica urbana, crónica, literatura, Málaga, Uncategorized with tags , , , , , , , , , , , , , , , on junio 15, 2011 by Profesor Cicuta.

I. Semblanza del propietario

El patrón es malagueño de pura cepa. Le gusta comer, dormir y follar como al que más. Ha tenido varios hijos con varias mujeres y sigue sumando. Enamorado de la buena vida, su máxima aspiración no es otra que producir mucha plata con el culo pegado al cuero del sofá, el mando a distancia en ristre y embriagado en buen vino dulce.
Pepe es obeso, como un rinoceronte drogado y sin remordimientos. Nada le impide atraer mujeres sin mucho seso a su vera: abejas que acuden al olor de la rica miel. En Málaga, si manejás bien la billetera, te invitás a espetitos, conchitas finas y algunas botellas de Diamante, tu campeón no tiene por qué preocuparse; podrá dormir a gustito, húmedo y caliente.
El oro siempre ha sido un gran negocio, si bien hace unos años la plata estaba escondida bajo el ladrillo. Hoy tenés que vender oro; son las leyes del mercado en quiebra. De este modo Pepe se saca sus cuartos, pero nunca es suficiente. Los viajes a islas paradisiacas, el BMW, el apartamento en Pedregalejo, la mujer, la amante, los hijos de la mujer, los hijos de la amante y un largo etcétera. Qué querés chico, la dolce vita no se paga sola y cultivar gustos refinados requiere su feria: Es el eterno reto de los señores propietarios.
Pepe es sin duda un empresario aguzado: El castellano está en alza; los pinches guiris quieren aprender el español. Málaga tiene playa, tiene fiesta, tiene sol. Montar una escuela podría generar mucha pasta. Y como todas las ideas simples, funcionó. En los años de bonanza se puede vender cualquier cosa; habiendo parné, la plebe lo compra todo: Calcetines para las orejas, pantalones reversibles color fucsia, cursos de idiomas impartidos por máquinas, monos fumadores o camisetas con olor a humedad… La escuela cuajó como podría haber cuajado un puto prostíbulo, o un circo de pulgas. Pero el mérito es siempre del gobierno liberal, del infalible sistema y de la incuestionable perspicacia de Pepe el patrono: Todo cabeza.
Manual de uso: Pague seis euros la hora a los profesores, aloje a los alumnos en zulos y saquee sus bolsillos haciéndoles pagar las fotocopias; cinco mil euros por mes para la saca. Pepe es un empresario de éxito en la cresta de la ola capitalista. Pero, ¡ay!, el capital se comporta como una femme fatale y te abandona el día menos pensado. Las vacas se desinflan; Pepe no.
Año 2011 de nuestro señor: Pepe está más gordo, más tonto y más calvo. Es hora de aplicar los milenarios conocimientos del empresario andaluz transmitidos de padres a hijos desde los gloriosos años del caudillo: ¡Arriba España!

II. El negocio redondo

Pepe quiere vender la escuela. La compra-venta de oro va viento en popa a toda vela. El caduco hipopótamo se ha cansado ya de bregar con agencias, buscar alojamientos, pagar a profesores y acreedores varios. La crisis impone su imperio. Trabajar siempre ha sido de pobres y Pepe no lo es, o al menos no lo aparenta.
Pepe no quiere renunciar a la escuela. La compra-venta de oro zozobra. El buda sin karma está cansado del trabajo de gestor pero no tiene otro asidero. Las deudas se acumulan, la mujer huye, la amante ignora el percal y se convierte en la primera dama. El orondo genio de la lámpara delega poderes en sus históricos –dos maestros del idioma de mediana edad que llevan varios años sin ver un duro–; la academia mantiene sus servicios; los alumnos comienzan a llegar de nuevo; con cuentagotas.
Pepe ha vuelto a la escuela, sin otro motor para su bolsillo. El náufrago está, si cabe, más perdido todavía que cuando tenía treinta años y se comía el mundo, a las suecas, los espetos, los langostinos y cuatro kilos de mejillones: Más cebado y más acémila; con más hambre, menos ganas de coscarse y prendado del lujo y el boato; pura Málaga cañí.
Pepe tiene un método infalible para triunfar en los negocios. Los empresarios invierten, arriesgan su monedero. Luego obtienen sus beneficios –siempre poco, muy poco–. De éstos hay que empezar a restar los gastos fijos: sueldos de empleados –hijos de mala madre, querer cobrar por el trabajo–, mantenimiento de instalaciones, acreedores varios, luz, alquiler del local, etc. Si obtenés diez mil, pongamos por caso, de beneficio, hay que empezar a restar y al final, qué te queda: Una mierda como el sombrero de un picador. Ni tenés para el auto, ni para el restaurante, ni para Ibiza, ni para champaña, ni para un carajo. Las mujeres dejan de sorberte el glande y Pepe es un osito triste.
Invirtamos el proceso pues: El empresario avezado del sur invierte su plata, pero lo mínimo. Se lucra, cuanto más mejor –Adam Smith era un sabio–. ¿Cuánto es lo que necesito para mi vida desenfrenada? Tres, cuatro, cinco mil euros. Tomalos, sin que te tiemblen las carnes fláccidas. Ya se pagarán las deudas, algún día –o no–. Es que los empleados no cobran sus horas –la esclavitud resolvería el problema del paro–; es que nos cortan la luz –que los profesores y alumnos traigan velas–; es que la fotocopiadora no funciona –las copias se hacen en casita o a mano–. No hay Internet, ni papel higiénico, ni limpiadora, ni rotuladores, ni… Ni alumnos, ni profesores, ni academia.
Pepe lloraría desconsolado sobre el hombro de otros empresarios andaluces. El gobierno debería ayudarnos, el sistema es asfixiante, reforma laboral ya, despido libre ipso facto, que viva el liberalismo y arriba España una y libre.

III. La ficción parcialmente imposible

Manolo es profesor en una escuela: Un pobre escuincle inexperto escupidito recién del paraninfo. El invierno ha sido duro –hambre, soledad, esclavitud–, pero ha llegado el sol, las flores, la brisa del mar, el estío que con su mano cálida mece una esperanza. El joven ama su idioma, su cultura –a ratos–, la literatura –herencia de sus ancestros–, el arte y, por encima de todo, su profesión. No es mal muchacho; nunca hizo daño a una mosca. Quizá rompiera algún plato, pero no consta en ningún registro serio.
Manolo es un maestro del idioma, escribidor, diletante poeta, frugal en sus vicios y aficiones. Comparte un loft, paga religiosamente su alquiler, bebe su cerveza sin moderación alguna y ajusta sus cuentas cual si fuera un mago capaz convertir el pan en cecina. Enjuto, chaparro, algo atractivo pero no demasiado; vitalista con la faltriquera llena, estoico cuando no queda otra, Manuel goza con su docencia como un perro al que quitan pulgas.
Sabido es lo peligroso de trabajar en lo que a uno le gusta; pareciera que no te importe hacerlo gratis. Pero todos tenemos que pagar techo, más o menos cómodo, y vitualla. El futbolista, el actor, el músico, hasta el cura –o el rey– cobran por sus servicios, sean éstos cuales sean. ¿Por qué no habría de hacerlo un profesor de español? Pepe no opina lo mismo. Ignorante de la cultura antigua y de la historia colonial de los siglos precedentes, la morsa gruñe con gemidos de añoranza por aquellos tiempos en los que no era necesario, ni siquiera pertinente, remunerar a los parias por su trabajo.
El negocio hace aguas; mal gobernado, se hunde como el Lusitania. Apenas se ingresan unos miles de euros. Aun así, el tragaldabas con tez de cocho tiene hambre y sed; además ansía ver el fútbol en tele de plasma, y no vivir tan lejos de la playa, y comprar piedras preciosas a su Cleopatra, y comer caviar en una patena de oro.
Pepe mete la mano en el cajón un día sí y otro también; no deja títere con cabeza. Ignora que puede sobrevenir el trance en el que el hambre y la carestía actúen como la luna con el licántropo. Todos llevamos un lobo dentro y con gazuza es si cabe más fiero. Un mes lo puede soportar hasta el más menesteroso, tirando de parentela; dos meses ya se va aflojando la condescendencia; con tres ya no queda más paciencia en el morral. El estoicismo tiene sus límites; hasta Zenón sabía esto.
Manolo ha gastado toda la flema de que disponía. En sus ojos hierve el fuego del infierno; sonrisa torva, rictus de vesania. El oro fastuoso de Pepe inflama su ira contenida durante meses. Las jactancias, las falsas excusas de petimetre cuatrero perfumado de Dolce & Gabbana; las tretas de embaucador, el llanto de un malnacido con corazón de buey. Lo siento, no hay dinero –sólo para mi solaz de elefante sarnoso–. El patrono andaluz sigue las tradiciones de su estirpe: Que trabajen los parias, y por la gorra.
Manolo prepara una jeringa con una dosis letal de insulina. Basta con pillar a la marsopa aletargada tras una copiosa pitanza y nadie jamás sabrá que fue asesinada por un profesor de lengua hispana; sin blanca y en el paro.

Anatolio Cocuyo Carbunco.

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Anatolio Cocuyo Carbunco.

Posted in crónica, literatura, poesía, Uncategorized with tags , , , , , , , , on octubre 28, 2010 by Profesor Cicuta.

Anatolio Cocuyo Carbunco, más conocido como “Cocu”, es un poeta, articulista y escritor nacido en Argentina en 1979, más concretamente en el departamento de Santa Catalina, situado en la árida provincia de Jujuy, al norte del país.

Su padre, Alfonso Cocuyo Vallejo,  fue un acérrimo disidente contra el peronismo imperante en Argentina, y el poeta sufrió el nefando gobierno de Carlos Menem, por lo que toda su familia tuvo que huir, arruinada, a Paraguay en 1989, para no volver jamás, cuando sólo contaba diez años de edad. Su familia se encontraba siempre cambiando de domicilio a cada instante, debido a los continuos cambios de trabajo de su padre. De este modo, su madre, Carmen Carbunco Carmona, fallecería en 1996 de un cáncer de pulmón no diagnósticado hasta una semana antes de su muerte, en alguna aldea perdida de Bolivia mientras su padre pastoreaba un rebaño de alpacas; dicha experiencia lo trastornaría sobremanera y provocaría en el poeta un estado mental irreversible, cercano a la locura.

Empezó a escribir poesía alrededor de los catorce años para abandonar dicha actividad cinco años después, ante la indiferencia que provocaron sus versos en el público de habla hispana durante aquella época y la pasividad de las editoriales españolas y latinoamericanas. De aquella producción no se conserva absolutamente nada, puesto que el autor, hundido por su fracaso,  regaló sus versos a su primera mujer, Mary López, la cual prometió conservarlos hasta que llegara algún editor dispuesto a darles difusión. Ésta, tras el divorcio, se deshizo de todos ellos, “por despecho”, según palabras del poeta; se cree que los quemó. Él mismo afirmaría en una conversación con amigos españoles: “Como si jamás hubiera escrito poesía, total, no se perdió nada; es más, ni la he escrito nunca, ni lo haré”.

De vida errante y nómada, sólo sabemos que el autor padeció innumerables penurias (hambre, frío, soledad e indigencia). Anduvo por aldeas perdidas de Bolivia, Chile, Perú, Colombia, Brasil y Venezuela, se cree que trabajando de pastor, lavaplatos, carnicero, mozo de carga y camarero, entre otros. Poco o nada se sabe de su vida por entonces, pero fue en aquella época cuando contrajo una grave enfermedad (lupus discoide) que le ha desfigurado la cara y lo ha obligado a recluirse desde 2002. En 2005, además, se le ha diagnosticado un grave trastorno mental, fruto quizá de su vida azarosa y de la enfermedad que lo consume y lo mantiene trastornado. Adicto a las drogas (láudano y morfina) y al alcohol, vive recluido en algún lugar de la costa mediterránea (se cree que en Cádiz, Almería o Málaga) solo y apartado de todo el mundo, tan solo acompañado de una mujer oriental de la que nada se sabe. Nunca habla con nadie, no tiene apenas amigos y lo que escribe, o bien lo publica en Internet bajo pseudónimos varios, o bien lo regala a algún amigo o conocido para que sean ellos los que lo publiquen y quienes firmen las creaciones.

Ha publicado artículos en periódicos y revistas digitales de reducida difusión y ha retomado recientemente su producción poética. Ha escrito también algunos microrrelatos, cuentos y narraciones cortas, todavía inéditas y poco difundidas. Los editores de todo el panorama editorial hispano lo repudian o ignoran por el carácter polémico y underground de su obra, la sociopatía paranoide de su personalidad, sus trastornos mentales y su carácter irascible y desequilibrado.

De cualquier modo, uno de sus poemas, “La anécdota”, ha tenido un éxito sin precedentes entre los jóvenes de la cultura underground en el noroeste de Argentina, ganando el “I Premio de Poesía Villera de Abra Pampa”.

“La anécdota” es un poema que trata sobre la fugacidad de las relaciones humanas, el interés económico, la fama, el éxito y el materialismo. De estructura caótica, introduce algunos ripios fáciles típicos de la cultura popular y otros versos sueltos. En él podemos ver reflejado el pesimismo y la apatía en la que vive su autor.

Anatolio sigue escribiendo y publicando sus obras en la red. Utiliza casi siempre el pseudónimo “Anónimo”, debido a su admiración por el Lazarillo de Tormes (“la mejor novela corta jamás escrita en lengua castellana”) aunque este poema sí lleva su rúbrica.

“La anécdota”. Por “Cocu”.

…no van a responder, ya te lo advierto.

Y si se vacía, incierta, el arca

te quedarás solo.

Si fruncís el humor sandino

lo verás del mismo modo.

No nos mojes con lágrimas el tiempo

ni disturbes bacanales

con tu llanto sardónico.

Mejor traé a Baco y flor de adormidera

y que tus dolores de cabeza

los aguante otro que quiera.

Quedate en tu jaula de ladrillo

cuando falte, ¡ay! ¡qué sonido!

la música metálica

de tu vil y raído bolsillo.

Ahorrate la síncopa en el pentagrama.

Desafiná, por favor, para otro.

Vení cuando seas héroe

y no un viejo juguete roto.

La fiesta huyó con el hambre,

te lo he dicho ya,

con ropas nuevas que huelen

a humana vanidad.

Nunca digas solo, nunca,

hoy eso está prohibido.

Aunque tu sueño no exista

aunque te resistas

seguí por ahí,

de la muerte la pista.

Rimá algo bueno si podés,

grabalo a fuego en el papel;

quizá haya alguien que escuche

al otro lado.

Y, sonso, dilo ya, no esperemos más:

eso podría funcionar.

La palabra anécdota

no es tan fácil de rimar.

Y eso fuimos: una anécdota.

…no van a venir, ya te lo digo.

La gorgona. “Cocu” (2006)

Posted in literatura, Paranoia, poesía, Uncategorized with tags , , , , , , , on octubre 16, 2010 by Profesor Cicuta.

Hace siglos fui petrificado

por una vesania de gorgona;

qué triste laberinto de tormentas

y cuánta sangre en vano derramada.

Eones han pasado, vestido de ceniza,

desde que prendiera la ponzoña

de unos achares infectos de amorío,

de una enfermedad drogada de delirio

de una herida supurada y mordiente.

Mas llegó un otoño incierto y dorado

en que pude ver el sol frío de atardecida

teñir de rojo mis manos hueras y ateridas.

Guio entonces Perseo la empuñadura

de mi espada vindicadora,

deshice así el ovillo infame

que yugulaba mi alma impía.

Libre ya de dos ojos de gorgona

exhalé el veneno atávico

de su nombre virginal y orate.

Hoy la Biblia ardería, plena de tinieblas,

si rajara su nombre el aire.

Soy inmune a los ojos de gorgona

y luzco altiva su cabeza inerme

cuando canto, a la luna, la era nueva,

nacida del candor de una espartana.

Acá yace la testa inerte, ya sus ojos no son magia;

ha nacido de su muerte: luz, esperanza y savia.

Anatolio Cocuyo (2006)

Apunte.

Posted in Paranoia, Uncategorized with tags , , , , , on febrero 6, 2009 by Profesor Cicuta.

Lo único que me agrada del ineluctable devenir temporal es la clarividencia con que se nos muestra la verdad de las cosas. Nunca se ve todo tan claro como cuando han pasado los años, los frutos de la percepción están maduros y todo es nítido, como en una pantalla de conocimiento y lucidez que te muestra la verdad sin impurezas, sin distorsiones molestas, la VERDAD con grandes letras de neón.

Los amores que no fueron tales, de víctimas que no lo fueron realmente, de amigos que hoy no te conocen y enemigos que son aliados, traidores que siguen conspirando para enterrar tu cuerpo a mil metros, cerca del infierno; de odios que continúan vivos, envidias que supuran en la piel y maldiciones mil veces pronunciadas para que mueras de pena.

¿Dónde están hoy aquellos que miraban de soslayo mi vida y mi futuro preguntándose por qué nace gente así? ¿Por qué han acudido a mi encuentro aquellas que ayer censuraban mi paso firme hacia ninguna parte y ni siquiera sabían mi verdadero nombre? ¿Quién mantiene su odio y arrogancia pintado en la mirada esquiva? ¿Quién es el que no quiere mezclarse con la mediocridad circundante? Anda ya, decían, y aún lo oigo en el eco de sus caras olvidadas, experiencias olvidadas, vidas perdidas y olvidadas.

Vivimos en la misma cloaca, respiramos el mismo veneno y moriremos por las mismas causas. ¿Dónde ves tus diamantes y rubíes, tu oro y platino que ensombrecen mi hojalata a tus ojos? ¿Crees que eres especial cuando estás protegido en tu rebaño, camuflado entre la gente, entre esos que sí llamas tus amigos?

No eres mejor que cualquiera

y no eres más que uno más, efímero y caduco,

que pasará sin dejar huella.

El loco. Khalil Gibrán. جبران خليل جبران

Posted in literatura, Paranoia, poesía, Uncategorized with tags , , , , , , , on diciembre 11, 2008 by Profesor Cicuta.

Me preguntáis como me volví loco. Así sucedió:
Un día, mucho antes de que nacieran los dioses, desperté de un profundo sueño y descubrí que me habían robado todas mis máscaras, sí, las siete máscaras que yo mismo me había confeccionado y que llevé en siete vidas distintas; corrí sin máscara por las calles atestadas de gente, gritando:
– ¡Ladrones! ¡Ladrones! ¡Malditos ladrones!-.
Hombres y mujeres se reían de mí y al verme, varias personas, llenas de espanto, corrieron a refugiarse en sus casas. Y cuando llegué a la plaza del mercado, un joven, de pie en la azotea de su casa, señalándome gritó:
-¡Miren es un loco!-.
Alcé la cabeza para ver quién gritaba, y por vez primera el sol besó mi desnudo rostro y mi alma se inflamó de amor al sol y ya no quise tener máscaras. Y como si fuera presa de un trance grité:
-¡Benditos! ¡Benditos sean los ladrones que me robaron mis máscaras!-.
Así fue que me convertí en un loco.
Y en mi locura he hallado libertad y seguridad: la libertad de la soledad y la seguridad de no ser comprendido, pues quienes nos comprenden esclavizan una parte de nuestro ser.
Pero no dejéis que me enorgullezca demasiado de mi seguridad; ni siquiera el ladrón encarcelado está a salvo de otro ladrón.
Khalil Gibrán. El loco.

Apuntes poéticos.

Posted in Paranoia, poesía, Uncategorized with tags , on abril 15, 2008 by Profesor Cicuta.

Como la mancha de un insecto

grabada sobre la pared

así es la vida como un grano

o una pústula

que la muerte revienta.

Leopoldo María Panero.

El jardinero errante

esparce simiente a su paso

mas el piso se halla árido

jamás cejará el caminante

o… sí lo hará

ante tan fútil horizonte

yermo de prosperidades

seco de inciertas sonrisas;

que no se desangre el ánimo.

Profesor Cicuta.

Mundo de espejismos.

Posted in Crítica urbana, Paranoia, Uncategorized with tags , , , , , on abril 6, 2008 by Profesor Cicuta.

Todos quisiéramos caminar por la alfombra roja del honor, aclamados por la turba estulta y ruin; y para ello venderemos nuestra alma al diablo.

Disimulamos ser completos y felices en las noches sórdidas bañadas de alcohol; creemos en los paraísos artificiales que el progreso, la opulencia y el ocio nos brinda cada final de semana, como el final de nuestra vida.

Es cruento aceptar la circunstancia tal cual es, tal cual viene. Es más fácil enmascarar la tristeza de nuestra miseria con disfraces de sofisticación, refinamiento y modernidad. Mirar el espejo de frente es un paso que puede llevar a la demencia, o a la catarsis, según la luz de tu entendimiento. Mas todos preferimos el reflejo apócrifo de lo irreal, de aquello que no existe más que en nuestra mente perversa incapaz de aceptar la verdad.

Las puertas de la percepción están cerradas; nuestra pálida razón sometida a los caprichos de nuestro subconsciente.

El pobre añora riquezas y el anodino ansía la fama como un pez el arroyo cristalino; el manso de espíritu debe simular rudeza, pica en mano, mientras el perverso avaricioso y miserable loa a Dios en las alturas y muestra bondades impostadas que no existen.

La verdad está dentro del hogar, en la morada de la intimidad, donde el ideal es humo que se difumina y la luz de lo tangible muestra figuras de nuestra alma real figurada. ¿Quién sabe la verdad? La Muerte lo sabe.

Nadie es honesto porque hoy estaría muerto. Arrimarse a los buenos es el camino para la perfección material, la condena humana es masacrar al prójimo para caminar sobre su cabeza podrida de enfermedad y disfrutar de los lujos y regocijos del oro y la honra. Ignorancia, indigencia mental, almas difusas, perversión e hipocresía, las armas modernas del guerrero vencedor que violará a las hijas de las buenas intenciones a cambio de piedras preciosas.

El mundo y sus moradores son un espejismo constante. Disfrazamos nuestra miseria, ocultamos nuestras cuitas y confiamos en la hermosura efímera que nos prometen las mejores recompesas de amor y caricias.

Todo es mentira excepto la muerte. La Danza de la Muerte democratizadora del caótico mundo de los vivos.

Falsos mitos, falsos dioses de papel y metal. Mentiras repetidas disfrazadas de verdad; hábitos que convierten al monje en tal; todo es espejismo.

El mundo todo es máscara. Todo el año es carnaval.

Todos mentís; sólo confío en la Muerte.

“La hipocresía es el colmo de todas las maldades.” “Los vicios de moda pasan por virtudes”. Moliére.