Archivo para marzo, 2008

Manifiesto Venenoso.

Posted in Crítica urbana, Paranoia, Uncategorized on marzo 30, 2008 by Profesor Cicuta.

Escribió el inefable Tristan Tzara en su Manifiesto Dadaísta: para lanzar un manifiesto es necesario: A, B,C. Irritarse y aguzar las alas para conquistar y propagar muchos pequeños y grandes a, b, c, y afirmar, gritar, blasfemar, acomodar la prosa en forma de obviedad absoluta, irrefutable… Yo escribo un manifiesto y no quiero nada y, sin embargo, digo algunas cosas y por principio estoy contra los manifiestos, como, por lo demás, también estoy contra los principios, decilitros para medir el valor moral de cada frase.

Yo, el profesor Cicuta, desde un gabinete lleno de ocuridades, humedad y frío, a través de cuya ventana sólo se ve el cielo de la estepa, la suave lluvia gris, y la brisa gélida de la Selva Negra, lanzo al mundo materialista, ruin y despreciable, a través de la red, donde la mediocridad muerde el tiempo y sume al mundo en la ponzoña hedionda de la estulticia, el Primer Manifiesto Venenoso.

Definición de la RAE.

veneno.

(Del lat. venēnum).

1. m. Sustancia que, incorporada a un ser vivo en pequeñas cantidades, es capaz de producir graves alteraciones funcionales, e incluso la muerte.

2. m. Cosa nociva a la salud.

3. m. Cosa que puede causar un daño moral.

4. m. Afecto de ira, rencor u otro mal sentimiento.

5. m. Tecnol. Sustancia que frena un proceso físico o químico.

¿Hay diferencia entre ser venenoso y estar envenenado? Sí. En el primer caso no cabe posibilidad alguna de morir a causa del veneno que alberga tu cuerpo, y además puedes resultar letal; en el segundo, serás inoculado de una sustancia tóxica ajena a tu organismo que te alejará de la vida, si no eres inmune.

¿Por qué son venenosas las arañas y los escorpiones? Porque les ha tocado vivir en el inframundo, abandonados de todos, en medio de un mundo hostil que no les respeta ni valora; tienen que sobrevivir desde su tamaño relativamente pequeño y su situación de relativa desventaja.

Para el alacrán que anda sumergido entre los ladrillos en la vorágine urbana; para la loxosceles solitaria y arrinconada por el mundo ruin e hipócrita; para la phoneutria inmersa en la selvática sociedad capitalista y material; para el pulpo de anillos azules, inteligente, bello, sofisticado y misántropo, incomprendido como todos los grandes genios; para la rana punta de flecha, ariete de la mediocridad; para la serpiente Taipan y la serpiente marina, arrastradas por el fango y olvidadas del mundo alienado en que viven; para el pez piedra y la avispa de mar, nadadores solitarios en este mar de porquería que es el mundo y su circunstancia; a todos ellos va dedicado este Manifiesto Venenoso.

El áspid de una mente enferma, bipolar, drogada, alcoholizada, enajenada y sobre todo envenada, pero lúcida y preclara, odia y repudia todo lo que concierne al turismo, el turista, los apartamentos, el sol, el chiringuito, la música ligera, el “tuning”, la televisión, los “politonos”, las modas veraniegas, el “hip-hop”, las tribus urbanas, el socialismo, el comunismo, el capitalismo, el anarquismo, el liberalismo, el vanguardismo, la democracia, el totalitarismo, el nazismo y fascismo, el euro, el ladrillo, el cemento, el arquitecto, el constructor, el obrero, el empresario, el abogado, el periodista, los “pseudoartistas” y los años comprendidos entre 1994 y 2008.

Nos quedaremos con los poetas, malditos o no; los escritores, malditos o no; y los artistas de verdad, que no ostentan serlo y son humildes, creativos de verdad, ingeniosos, cultos, formados, educados, respetuosos, sencillos, no pretenciosos, discretos pero venenosos… malditos o no.

¿Qué es un pseudoartista? Aparte de un artista muy falso, un falso muy poco artista. Aristócrata petimetre sin talento más que para vestir a la moda, te mirará angustiado por la vulgaridad mediocre que él percibe en ti, constantemente indignado, estirado y sublime en apariencia. Personaje hueco, sólo cáscara, caparazón, propaganda con piernas, sin cerebro y permanentemente retrasado en su presumida vanguardia artística.

Los psuedoartistas no saben leer ni escribir; directamente, no saben. Están ahí y ahí observan mientras escupen en el pueblo que les da de comer, despreciándolo, para que éstos les desprecien y aquellos puedan seguir en su cénit de sublime superioridad, perpetuando la estupidez de una población que no les entiende porque no se entienden ni ellos mismos. Y no se entiende nada porque no hay nada tras el supuesto arte de minorías que declaran representar.

La “bohemia” de los niños de la opulencia, sin cerebro, alienados por el materialismo y que dicen ser artistas sin conocer la música, la pintura, la fotografía, la literatura o el cine serán pseuodartistas, a los que hay que mirar con desconfianza, como hacen ellos con lo supuestamente vulgar; escupirles el veneno cuando se pongan estupendos como sólo ellos saben hacerlo; envenenarlos con cultura de verdad, argumentos que evidencien su estupidez congénita y circunstancial, heredada de la fortuna e influencia familiar, vinculadas al poder el cual paga sus heces lanzadas al mundo circundante.

Mucha cicuta para estos petimetres, forrados de esnobismo, cuyo pensamiento electrónico ha averiado sus simples, escandalosas e inútiles cabecitas de burgueses adinerados; pensamiento electrónico de fusibles fundidos por drogas de diseño, mucha televisión, mucho ocio y poca lectura.

¡No es arte lo que hacéis! El tiempo nos dará la razón a los perdedores; el tiempo os pondrá en vuestro sitio y os mandará al lugar de dónde provenís: vuestro chalé en la playa con papá y mamá.

Los políticos se aparean con “artistas” sin talento, enchufados a la teta del Estado corrupto, autocomplaciente, inoperante y yermo; los “pseudoartistas” de hoy rebañan con su verde lengua los excrementos del ano de políticos bañados en oro, mezclados con sudor y sangre.

Los periodistas pagan por trabajar y ser pagados a su vez por lamedores de penes del poder gubernamental y empresarial a los que sirven. A unos les gusta el pene fláccido y arrugado del conservador podrido en sus riquezas hechas de ladrillo y cemento; a otros les gusta el miembro enhiesto y rojo, lleno de sangre a punto de eyacular demagogia, mentira e hipocresía. Los periodistas sí saben leer, algunos escribir, pero no pueden pensar porque sus cerebros están forrados de billetes de 500 euros y conectados con cables a la empresa podrida de beneficios perjudiciales, al gobierno ponzoñoso de devastación y a la televisión, industria de mentiras, enfermedad mental e indigencia intelectual.

La televisión es el opio del pueblo. El pueblo es el opio de la televisión.

Derribemos las apariencias de lo políticamente aceptado, pagado por políticos “idiotizadores” que se ríen del mundo y su gente desde su atalaya forrada en oro.

Algún día se sabrá la verdad sobre todos ellos; de dónde vinieron, quiénes son, por qué están donde están y a qué se debe su prestigio por nada.

La pintura, la escultura, la fotografía y la televisión están perdidas; el cine va por el mismo camino de perdición; la música se pudre en programas televisivos enlatados… al menos nos queda la literatura, ebúrnea, eterna, indestructible y lúcida para poner orden en todo este caos que es el mundo en el siglo XXI.

Que no nos engañen los vendedores de humo.

Leed malditos, leed y pensad un poco antes de emitir juicios o crear nada.