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Apunte.

Publicado en Paranoia, Uncategorized con etiquetas , , , , , el Febrero 6, 2009 por Profesor Cicuta.

Lo único que me agrada del ineluctable devenir temporal es la clarividencia con que se nos muestra la verdad de las cosas. Nunca se ve todo tan claro como cuando han pasado los años, los frutos de la percepción están maduros y todo es nítido, como en una pantalla de conocimiento y lucidez que te muestra la verdad sin impurezas, sin distorsiones molestas, la VERDAD con grandes letras de neón.

Los amores que no fueron tales, de víctimas que no lo fueron realmente, de amigos que hoy no te conocen y enemigos que son aliados, traidores que siguen conspirando para enterrar tu cuerpo a mil metros, cerca del infierno; de odios que continúan vivos, envidias que supuran en la piel y maldiciones mil veces pronunciadas para que mueras de pena.

¿Dónde están hoy aquellos que miraban de soslayo mi vida y mi futuro preguntándose por qué nace gente así? ¿Por qué han acudido a mi encuentro aquellas que ayer censuraban mi paso firme hacia ninguna parte y ni siquiera sabían mi verdadero nombre? ¿Quién mantiene su odio y arrogancia pintado en la mirada esquiva? ¿Quién es el que no quiere mezclarse con la mediocridad circundante? Anda ya, decían, y aún lo oigo en el eco de sus caras olvidadas, experiencias olvidadas, vidas perdidas y olvidadas.

Vivimos en la misma cloaca, respiramos el mismo veneno y moriremos por las mismas causas. ¿Dónde ves tus diamantes y rubíes, tu oro y platino que ensombrecen mi hojalata a tus ojos? ¿Crees que eres especial cuando estás protegido en tu rebaño, camuflado entre la gente, entre esos que sí llamas tus amigos?

No eres mejor que cualquiera

y no eres más que uno más, efímero y caduco,

que pasará sin dejar huella.

El loco. Khalil Gibrán. جبران خليل جبران

Publicado en Paranoia, literatura, poesía con etiquetas , , , , , , , el Diciembre 11, 2008 por Profesor Cicuta.

Me preguntáis como me volví loco. Así sucedió:
Un día, mucho antes de que nacieran los dioses, desperté de un profundo sueño y descubrí que me habían robado todas mis máscaras, sí, las siete máscaras que yo mismo me había confeccionado y que llevé en siete vidas distintas; corrí sin máscara por las calles atestadas de gente, gritando:
- ¡Ladrones! ¡Ladrones! ¡Malditos ladrones!-.
Hombres y mujeres se reían de mí y al verme, varias personas, llenas de espanto, corrieron a refugiarse en sus casas. Y cuando llegué a la plaza del mercado, un joven, de pie en la azotea de su casa, señalándome gritó:
-¡Miren es un loco!-.
Alcé la cabeza para ver quién gritaba, y por vez primera el sol besó mi desnudo rostro y mi alma se inflamó de amor al sol y ya no quise tener máscaras. Y como si fuera presa de un trance grité:
-¡Benditos! ¡Benditos sean los ladrones que me robaron mis máscaras!-.
Así fue que me convertí en un loco.
Y en mi locura he hallado libertad y seguridad: la libertad de la soledad y la seguridad de no ser comprendido, pues quienes nos comprenden esclavizan una parte de nuestro ser.
Pero no dejéis que me enorgullezca demasiado de mi seguridad; ni siquiera el ladrón encarcelado está a salvo de otro ladrón.
Khalil Gibrán. El loco.

Apuntes poéticos.

Publicado en Paranoia, poesía con etiquetas , el Abril 15, 2008 por Profesor Cicuta.

Como la mancha de un insecto

grabada sobre la pared

así es la vida como un grano

o una pústula

que la muerte revienta.

Leopoldo María Panero.

El jardinero errante

esparce simiente a su paso

mas el piso se halla árido

jamás cejará el caminante

o… sí lo hará

ante tan fútil horizonte

yermo de prosperidades

seco de inciertas sonrisas;

que no se desangre el ánimo.

Profesor Cicuta.

Mundo de espejismos.

Publicado en Crítica urbana, Paranoia, Uncategorized con etiquetas , , , , , el Abril 6, 2008 por Profesor Cicuta.

Todos quisiéramos caminar por la alfombra roja del honor, aclamados por la turba estulta y ruin; y para ello venderemos nuestra alma al diablo.

Disimulamos ser completos y felices en las noches sórdidas bañadas de alcohol; creemos en los paraísos artificiales que el progreso, la opulencia y el ocio nos brinda cada final de semana, como el final de nuestra vida.

Es cruento aceptar la circunstancia tal cual es, tal cual viene. Es más fácil enmascarar la tristeza de nuestra miseria con disfraces de sofisticación, refinamiento y modernidad. Mirar el espejo de frente es un paso que puede llevar a la demencia, o a la catarsis, según la luz de tu entendimiento. Mas todos preferimos el reflejo apócrifo de lo irreal, de aquello que no existe más que en nuestra mente perversa incapaz de aceptar la verdad.

Las puertas de la percepción están cerradas; nuestra pálida razón sometida a los caprichos de nuestro subconsciente.

El pobre añora riquezas y el anodino ansía la fama como un pez el arroyo cristalino; el manso de espíritu debe simular rudeza, pica en mano, mientras el perverso avaricioso y miserable loa a Dios en las alturas y muestra bondades impostadas que no existen.

La verdad está dentro del hogar, en la morada de la intimidad, donde el ideal es humo que se difumina y la luz de lo tangible muestra figuras de nuestra alma real figurada. ¿Quién sabe la verdad? La Muerte lo sabe.

Nadie es honesto porque hoy estaría muerto. Arrimarse a los buenos es el camino para la perfección material, la condena humana es masacrar al prójimo para caminar sobre su cabeza podrida de enfermedad y disfrutar de los lujos y regocijos del oro y la honra. Ignorancia, indigencia mental, almas difusas, perversión e hipocresía, las armas modernas del guerrero vencedor que violará a las hijas de las buenas intenciones a cambio de piedras preciosas.

El mundo y sus moradores son un espejismo constante. Disfrazamos nuestra miseria, ocultamos nuestras cuitas y confiamos en la hermosura efímera que nos prometen las mejores recompesas de amor y caricias.

Todo es mentira excepto la muerte. La Danza de la Muerte democratizadora del caótico mundo de los vivos.

Falsos mitos, falsos dioses de papel y metal. Mentiras repetidas disfrazadas de verdad; hábitos que convierten al monje en tal; todo es espejismo.

El mundo todo es máscara. Todo el año es carnaval.

Todos mentís; sólo confío en la Muerte.

“La hipocresía es el colmo de todas las maldades.” “Los vicios de moda pasan por virtudes”. Moliére.

Manifiesto Venenoso.

Publicado en Crítica urbana, Paranoia, Uncategorized el Marzo 30, 2008 por Profesor Cicuta.

Escribió el inefable Tristan Tzara en su Manifiesto Dadaísta: para lanzar un manifiesto es necesario: A, B,C. Irritarse y aguzar las alas para conquistar y propagar muchos pequeños y grandes a, b, c, y afirmar, gritar, blasfemar, acomodar la prosa en forma de obviedad absoluta, irrefutable… Yo escribo un manifiesto y no quiero nada y, sin embargo, digo algunas cosas y por principio estoy contra los manifiestos, como, por lo demás, también estoy contra los principios, decilitros para medir el valor moral de cada frase.

Yo, el profesor Cicuta, desde un gabinete lleno de ocuridades, humedad y frío, a través de cuya ventana sólo se ve el cielo de la estepa, la suave lluvia gris, y la brisa gélida de la Selva Negra, lanzo al mundo materialista, ruin y despreciable, a través de la red, donde la mediocridad muerde el tiempo y sume al mundo en la ponzoña hedionda de la estulticia, el Primer Manifiesto Venenoso.

Definición de la RAE.

veneno.

(Del lat. venēnum).

1. m. Sustancia que, incorporada a un ser vivo en pequeñas cantidades, es capaz de producir graves alteraciones funcionales, e incluso la muerte.

2. m. Cosa nociva a la salud.

3. m. Cosa que puede causar un daño moral.

4. m. Afecto de ira, rencor u otro mal sentimiento.

5. m. Tecnol. Sustancia que frena un proceso físico o químico.

¿Hay diferencia entre ser venenoso y estar envenenado? Sí. En el primer caso no cabe posibilidad alguna de morir a causa del veneno que alberga tu cuerpo, y además puedes resultar letal; en el segundo, serás inoculado de una sustancia tóxica ajena a tu organismo que te alejará de la vida, si no eres inmune.

¿Por qué son venenosas las arañas y los escorpiones? Porque les ha tocado vivir en el inframundo, abandonados de todos, en medio de un mundo hostil que no les respeta ni valora; tienen que sobrevivir desde su tamaño relativamente pequeño y su situación de relativa desventaja.

Para el alacrán que anda sumergido entre los ladrillos en la vorágine urbana; para la loxosceles solitaria y arrinconada por el mundo ruin e hipócrita; para la phoneutria inmersa en la selvática sociedad capitalista y material; para el pulpo de anillos azules, inteligente, bello, sofisticado y misántropo, incomprendido como todos los grandes genios; para la rana punta de flecha, ariete de la mediocridad; para la serpiente Taipan y la serpiente marina, arrastradas por el fango y olvidadas del mundo alienado en que viven; para el pez piedra y la avispa de mar, nadadores solitarios en este mar de porquería que es el mundo y su circunstancia; a todos ellos va dedicado este Manifiesto Venenoso.

El áspid de una mente enferma, bipolar, drogada, alcoholizada, enajenada y sobre todo envenada, pero lúcida y preclara, odia y repudia todo lo que concierne al turismo, el turista, los apartamentos, el sol, el chiringuito, la música ligera, el “tuning”, la televisión, los “politonos”, las modas veraniegas, el “hip-hop”, las tribus urbanas, el socialismo, el comunismo, el capitalismo, el anarquismo, el liberalismo, el vanguardismo, la democracia, el totalitarismo, el nazismo y fascismo, el euro, el ladrillo, el cemento, el arquitecto, el constructor, el obrero, el empresario, el abogado, el periodista, los “pseudoartistas” y los años comprendidos entre 1994 y 2008.

Nos quedaremos con los poetas, malditos o no; los escritores, malditos o no; y los artistas de verdad, que no ostentan serlo y son humildes, creativos de verdad, ingeniosos, cultos, formados, educados, respetuosos, sencillos, no pretenciosos, discretos pero venenosos… malditos o no.

¿Qué es un pseudoartista? Aparte de un artista muy falso, un falso muy poco artista. Aristócrata petimetre sin talento más que para vestir a la moda, te mirará angustiado por la vulgaridad mediocre que él percibe en ti, constantemente indignado, estirado y sublime en apariencia. Personaje hueco, sólo cáscara, caparazón, propaganda con piernas, sin cerebro y permanentemente retrasado en su presumida vanguardia artística.

Los psuedoartistas no saben leer ni escribir; directamente, no saben. Están ahí y ahí observan mientras escupen en el pueblo que les da de comer, despreciándolo, para que éstos les desprecien y aquellos puedan seguir en su cénit de sublime superioridad, perpetuando la estupidez de una población que no les entiende porque no se entienden ni ellos mismos. Y no se entiende nada porque no hay nada tras el supuesto arte de minorías que declaran representar.

La “bohemia” de los niños de la opulencia, sin cerebro, alienados por el materialismo y que dicen ser artistas sin conocer la música, la pintura, la fotografía, la literatura o el cine serán pseuodartistas, a los que hay que mirar con desconfianza, como hacen ellos con lo supuestamente vulgar; escupirles el veneno cuando se pongan estupendos como sólo ellos saben hacerlo; envenenarlos con cultura de verdad, argumentos que evidencien su estupidez congénita y circunstancial, heredada de la fortuna e influencia familiar, vinculadas al poder el cual paga sus heces lanzadas al mundo circundante.

Mucha cicuta para estos petimetres, forrados de esnobismo, cuyo pensamiento electrónico ha averiado sus simples, escandalosas e inútiles cabecitas de burgueses adinerados; pensamiento electrónico de fusibles fundidos por drogas de diseño, mucha televisión, mucho ocio y poca lectura.

¡No es arte lo que hacéis! El tiempo nos dará la razón a los perdedores; el tiempo os pondrá en vuestro sitio y os mandará al lugar de dónde provenís: vuestro chalé en la playa con papá y mamá.

Los políticos se aparean con “artistas” sin talento, enchufados a la teta del Estado corrupto, autocomplaciente, inoperante y yermo; los “pseudoartistas” de hoy rebañan con su verde lengua los excrementos del ano de políticos bañados en oro, mezclados con sudor y sangre.

Los periodistas pagan por trabajar y ser pagados a su vez por lamedores de penes del poder gubernamental y empresarial a los que sirven. A unos les gusta el pene fláccido y arrugado del conservador podrido en sus riquezas hechas de ladrillo y cemento; a otros les gusta el miembro enhiesto y rojo, lleno de sangre a punto de eyacular demagogia, mentira e hipocresía. Los periodistas sí saben leer, algunos escribir, pero no pueden pensar porque sus cerebros están forrados de billetes de 500 euros y conectados con cables a la empresa podrida de beneficios perjudiciales, al gobierno ponzoñoso de devastación y a la televisión, industria de mentiras, enfermedad mental e indigencia intelectual.

La televisión es el opio del pueblo. El pueblo es el opio de la televisión.

Derribemos las apariencias de lo políticamente aceptado, pagado por políticos “idiotizadores” que se ríen del mundo y su gente desde su atalaya forrada en oro.

Algún día se sabrá la verdad sobre todos ellos; de dónde vinieron, quiénes son, por qué están donde están y a qué se debe su prestigio por nada.

La pintura, la escultura, la fotografía y la televisión están perdidas; el cine va por el mismo camino de perdición; la música se pudre en programas televisivos enlatados… al menos nos queda la literatura, ebúrnea, eterna, indestructible y lúcida para poner orden en todo este caos que es el mundo en el siglo XXI.

Que no nos engañen los vendedores de humo.

Leed malditos, leed y pensad un poco antes de emitir juicios o crear nada.

Modernos.

Publicado en Crítica urbana, Paranoia, Uncategorized con etiquetas , , , , , , el Marzo 19, 2008 por Profesor Cicuta.

Leía el pasado domingo el diario y topé con un reportaje, bastante malo por cierto, en el que se describían las diferentes tribus urbanas que pueblan Málaga. No pude disimular mi estupor ante la ausencia de una “tribu”, que más que tribu es una “plaga”, que quizá sea la más extendida, heterogénea y compleja de las que pululan por nuestra urbe.

No es fácil teorizar acerca de los denominados “modernos” o “modernillos”, puesto que este movimiento es fruto de la confluencia de muchos otros que se solapan, mezclan y transforman continuamente (pijos, “limonetis”, emos, grunges e incluso hippies…) hasta derivar en el “moderno” que vemos en las grandes ciudades españolas como Madrid, Barcelona o Málaga. En cuanto a su crecimiento progresivo en todo el país cabe aclarar que en Madrid y Barcelona están mucho más consolidados, es decir, es mayor su influencia y su poderío económico, pero en Málaga, a causa de la ocupación cada vez mayor de puestos de relevancia relacionados con el mundo del arte y el ámbito audiovisual, su presencia se acentúa cada vez más, extendiéndose poco a poco su omnímodo poder por todo el entorno urbano del sur peninsular.

Podríamos analizar la estética moderna, pero sería una labor tediosa y aburrida, además de inabarcable por la variedad de manifestaciones de tan diversa índole en cuanto a tendencias. Por ejemplo, un emo adolescente no es más que un “moderno” en potencia que no ha madurado aún para ocupar su lugar en el mundo “cool”. No obstante, se podría afirmar que el moderno de vanguardia, que es el que nos ocupa (artista, creador, fotógrafo e “intelectual”, con más de veinte años de edad e ingresos notables, por supuesto, y una vida social plagada de “glamour” y popularidad) es un apasionado de los pantalones de pitillo, las corbatas a lo mod, las gafas de pasta, las últimas tendencias, lo “retro”, el pelo a lo cabaretera, el videoarte, la china Patino, la música “indie”, Björk, el cine independiente, los festivales de música electrónica y todo lo más “cool” e “in” en general que se estile en el momento, para poder así diferenciarse del resto de mediocres mortales sin talento ni estilo que pueblan su entorno.

Todo “moderno” que se precie debe haber estado al menos un año en Inglaterra u otro país europeo, dominar como poco el inglés o el francés, y realizar algún tipo de actividad artística relacionada con el mundo de los media, ya sea fotografía, realización, cine, videoarte, diseño, etc… Es por esto que el “moderno” tipo suele estudiar Periodismo, Publicidad o Comunicación Audiosual, aunque también los encontremos en Bellas Artes o Filología (aunque éstos son los menos). Porque ante todo el “moderno” es un artista de vanguardia aunque no sepa ni por dónde le sopla el viento. Excepcionalmente puede haber “modernos” músicos, pintores o incluso escritores o poetas, aunque si suelen tener talento y son medianamente inteligentes no es muy probable que pierdan su tiempo en las majaderías que preocupan a un “modernillo” estándar. El “moderno” suele dedicar su genio incuestionable y divino a la fotografía, el cine, las artes gráficas, el diseño, la creatividad publicitaria o la televisión (en Canal Cuatro los tienen a pares).

El objetivo del “moderno” siempre será transmitir una imagen de artista, genial y atormentado tipo Baudelaire; vivir como un poeta maldito, en plan bohemio (normalmente con el dinero de “papi”, “mami”, o ambos) y adoptar en todo momento una actitud de superioridad intelectual y sofisticación que explica su permanente aire de estirado intransigente con la vulgaridad circundante. Su aire aristocrático lo convierte en el exponente crucial para la creación artística de la localidad en la que actúa. Su genialidad, como decíamos, es incontestable, y la autoridad que le confiere el ser un referente de la creación artística lo encumbra hasta las cimas de lo sublime; es por esto que te mira desde el cenit desde donde se señorea del mundo adocenado que no alcanza a apreciar su obra; idolatrada ésta por aquéllos cuya sensibilidad e inteligencia se asemeja a la suya, como seres de otro mundo, divinos, celestiales.

El “moderno” suele borrar toda huella de su pasado porque en la mayoría de los casos se avergüenza de él; y no es para menos. Todos tenemos un pasado, claro está, pero no todos renegamos de él puesto que lo consideramos una pieza clave para explicar o entender lo que somos en el presente. Esto se llama coherencia, algo que al “moderno” no interesa un ápice. El “modernillo” irrumpe de pronto en el entorno, muda de amigos, de gustos musicales, cinematográficos, grastonómicos e incluso de sexualidad, y nace el día en que se metamorfosea y se enchufa en el mundo del arte como un lobezno a la teta de su madre.

Suele ocurrir a menudo que el “moderno” no posee conocimientos básicos sobre música, arte, cine o diseño, aunque aparente dominarlo todo como si de un experto se tratara, y posea lagunas importantes. Cuando asistes a algunos de sus muy culturales eventos subecionados por la progresía dominante, y parlas con muchos de ellos, percibes la mediocridad intelectual que disimulan tras una fachada muy estratégica y cuidada fruto de horas delante del espejo. Cuando hurgas un poco en su mundo sólo descubres ostentación y pedantería, conseguida a golpe de euro.

La profundidad artística pretendida por el “moderno” se diluye en un mero atuendo esteriotipado, una pose guay, una conversación superficial, aburrida y predecible, y lo que es más importante, unas creaciones artísticas pretenciosas, vacuas y maniqueas. Nihil nobum sul sole, aunque ellos se crean la panacea del arte vanguardista que nos inunda en estos momentos en todos los lugares de España. Ellos están convencidos de que han descubierto un nuevo lenguaje artístico de vanguardia sólo apto para una élite cualificada y culta como ellos.

El “moderno” no suele tener una causa justificada y racional para la desazón que lo angutia y deprime, pero éste la inventa y muestra en su arte transgresor e incomprendido. De alguna manera tiene que justificar su predilección por todo tipo de drogas de diseño que consumen en fiestas y exposiciones de arte en bares de moda; en este punto se asemeja bastante al emo del que hablábamos anteriormente. Hay que emular al artista marginado y divino cuyo arte es un misterio insondable, sólo accesible para mentes superiores como la suya.

En definitiva el “modernillismo” no es más que otra de las numerosas manifestaciones que caracterizan a la joven progesía del siglo XXI, tan proclive al disfraz, el esnobismo y la estupidez.

Todos queremos ser artistas o como poco parecerlo y en ésto consiste, grosso modo, ser un “moderno” hoy en día.

Lo peor es que en el futuro veremos a muchos de estos pseuodartistas petimetres dirigiendo museos, películas o la Biblioteca Nacional (como Isabel Coixet o Rosa Regás). Son el futuro de este país de progresía cutre y descerebrada que hace tiempo que perdió el norte en el mundo del arte a causa del clientelismo, el derroche público y la cursilería que nos invade a cada instante; los niños de papá quieren ser modernos y artistas y ahí están.

¡¡¡Bienvenidos a la modernidad!!!

Para más información: http://www.frikipedia.es/friki/Modernillo