Modernos.

Leía el pasado domingo el diario y topé con un reportaje, bastante malo por cierto, en el que se describían las diferentes tribus urbanas que pueblan Málaga. No pude disimular mi estupor ante la ausencia de una “tribu”, que más que tribu es una “plaga”, que quizá sea la más extendida, heterogénea y compleja de las que pululan por nuestra urbe.

No es fácil teorizar acerca de los denominados “modernos” o “modernillos”, puesto que este movimiento es fruto de la confluencia de muchos otros que se solapan, mezclan y transforman continuamente (pijos, “limonetis”, emos, grunges e incluso hippies…) hasta derivar en el “moderno” que vemos en las grandes ciudades españolas como Madrid, Barcelona o Málaga. En cuanto a su crecimiento progresivo en todo el país cabe aclarar que en Madrid y Barcelona están mucho más consolidados, es decir, es mayor su influencia y su poderío económico, pero en Málaga, a causa de la ocupación cada vez mayor de puestos de relevancia relacionados con el mundo del arte y el ámbito audiovisual, su presencia se acentúa cada vez más, extendiéndose poco a poco su omnímodo poder por todo el entorno urbano del sur peninsular.

Podríamos analizar la estética moderna, pero sería una labor tediosa y aburrida, además de inabarcable por la variedad de manifestaciones de tan diversa índole en cuanto a tendencias. Por ejemplo, un emo adolescente no es más que un “moderno” en potencia que no ha madurado aún para ocupar su lugar en el mundo “cool”. No obstante, se podría afirmar que el moderno de vanguardia, que es el que nos ocupa (artista, creador, fotógrafo e “intelectual”, con más de veinte años de edad e ingresos notables, por supuesto, y una vida social plagada de “glamour” y popularidad) es un apasionado de los pantalones de pitillo, las corbatas a lo mod, las gafas de pasta, las últimas tendencias, lo “retro”, el pelo a lo cabaretera, el videoarte, la china Patino, la música “indie”, Björk, el cine independiente, los festivales de música electrónica y todo lo más “cool” e “in” en general que se estile en el momento, para poder así diferenciarse del resto de mediocres mortales sin talento ni estilo que pueblan su entorno.

Todo “moderno” que se precie debe haber estado al menos un año en Inglaterra u otro país europeo, dominar como poco el inglés o el francés, y realizar algún tipo de actividad artística relacionada con el mundo de los media, ya sea fotografía, realización, cine, videoarte, diseño, etc… Es por esto que el “moderno” tipo suele estudiar Periodismo, Publicidad o Comunicación Audiosual, aunque también los encontremos en Bellas Artes o Filología (aunque éstos son los menos). Porque ante todo el “moderno” es un artista de vanguardia aunque no sepa ni por dónde le sopla el viento. Excepcionalmente puede haber “modernos” músicos, pintores o incluso escritores o poetas, aunque si suelen tener talento y son medianamente inteligentes no es muy probable que pierdan su tiempo en las majaderías que preocupan a un “modernillo” estándar. El “moderno” suele dedicar su genio incuestionable y divino a la fotografía, el cine, las artes gráficas, el diseño, la creatividad publicitaria o la televisión (en Canal Cuatro los tienen a pares).

El objetivo del “moderno” siempre será transmitir una imagen de artista, genial y atormentado tipo Baudelaire; vivir como un poeta maldito, en plan bohemio (normalmente con el dinero de “papi”, “mami”, o ambos) y adoptar en todo momento una actitud de superioridad intelectual y sofisticación que explica su permanente aire de estirado intransigente con la vulgaridad circundante. Su aire aristocrático lo convierte en el exponente crucial para la creación artística de la localidad en la que actúa. Su genialidad, como decíamos, es incontestable, y la autoridad que le confiere el ser un referente de la creación artística lo encumbra hasta las cimas de lo sublime; es por esto que te mira desde el cenit desde donde se señorea del mundo adocenado que no alcanza a apreciar su obra; idolatrada ésta por aquéllos cuya sensibilidad e inteligencia se asemeja a la suya, como seres de otro mundo, divinos, celestiales.

El “moderno” suele borrar toda huella de su pasado porque en la mayoría de los casos se avergüenza de él; y no es para menos. Todos tenemos un pasado, claro está, pero no todos renegamos de él puesto que lo consideramos una pieza clave para explicar o entender lo que somos en el presente. Esto se llama coherencia, algo que al “moderno” no interesa un ápice. El “modernillo” irrumpe de pronto en el entorno, muda de amigos, de gustos musicales, cinematográficos, grastonómicos e incluso de sexualidad, y nace el día en que se metamorfosea y se enchufa en el mundo del arte como un lobezno a la teta de su madre.

Suele ocurrir a menudo que el “moderno” no posee conocimientos básicos sobre música, arte, cine o diseño, aunque aparente dominarlo todo como si de un experto se tratara, y posea lagunas importantes. Cuando asistes a algunos de sus muy culturales eventos subecionados por la progresía dominante, y parlas con muchos de ellos, percibes la mediocridad intelectual que disimulan tras una fachada muy estratégica y cuidada fruto de horas delante del espejo. Cuando hurgas un poco en su mundo sólo descubres ostentación y pedantería, conseguida a golpe de euro.

La profundidad artística pretendida por el “moderno” se diluye en un mero atuendo esteriotipado, una pose guay, una conversación superficial, aburrida y predecible, y lo que es más importante, unas creaciones artísticas pretenciosas, vacuas y maniqueas. Nihil nobum sul sole, aunque ellos se crean la panacea del arte vanguardista que nos inunda en estos momentos en todos los lugares de España. Ellos están convencidos de que han descubierto un nuevo lenguaje artístico de vanguardia sólo apto para una élite cualificada y culta como ellos.

El “moderno” no suele tener una causa justificada y racional para la desazón que lo angutia y deprime, pero éste la inventa y muestra en su arte transgresor e incomprendido. De alguna manera tiene que justificar su predilección por todo tipo de drogas de diseño que consumen en fiestas y exposiciones de arte en bares de moda; en este punto se asemeja bastante al emo del que hablábamos anteriormente. Hay que emular al artista marginado y divino cuyo arte es un misterio insondable, sólo accesible para mentes superiores como la suya.

En definitiva el “modernillismo” no es más que otra de las numerosas manifestaciones que caracterizan a la joven progesía del siglo XXI, tan proclive al disfraz, el esnobismo y la estupidez.

Todos queremos ser artistas o como poco parecerlo y en ésto consiste, grosso modo, ser un “moderno” hoy en día.

Lo peor es que en el futuro veremos a muchos de estos pseuodartistas petimetres dirigiendo museos, películas o la Biblioteca Nacional (como Isabel Coixet o Rosa Regás). Son el futuro de este país de progresía cutre y descerebrada que hace tiempo que perdió el norte en el mundo del arte a causa del clientelismo, el derroche público y la cursilería que nos invade a cada instante; los niños de papá quieren ser modernos y artistas y ahí están.

¡¡¡Bienvenidos a la modernidad!!!

Para más información: http://www.frikipedia.es/friki/Modernillo

Una respuesta to “Modernos.”

  1. timonpress Dice:

    Estás lleno de veneno profesor; yo conozco muchos modernos, de hecho yo soy algo “modernillo” y me parece que te has pasado tres pueblos.
    Estás más loco que yo…
    Nos vemos en la biblio profesor.

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